
Messi y la fidelidad a lo que le da vida
- Felipe Diaz de Vivar
- 18 jun
- 3 min de lectura
Actualizado: hace 5 días
Hay cosas que no son solamente una profesión o una habilidad: son una forma de estar en el mundo y de darle sentido a la propia vida.
Hay personas que parecen seguir haciendo lo suyo incluso cuando el mundo ya empezó a escribirles el final. No porque puedan escapar del tiempo, ni porque el cuerpo no tenga límites, sino porque en aquello que hacen hay algo más que rendimiento, reconocimiento o costumbre. Hay una forma de estar vivos.
A los 38 años y con más de dos décadas en la selección, Messi hace tres goles en el primer partido de Argentina en el Mundial 2026 contra Argelia cuando muchos ya esperaban verlo más cerca del cierre que de la sorpresa. Pero lo interesante no está solamente en los goles, ni en el récord, ni en la discusión inevitable sobre su lugar en la historia. Lo interesante aparece también después del partido, cuando le preguntan por las estadísticas y la respuesta corre el foco hacia algo más simple: "es lo que me apasiona y es lo que me gusta desde chiquito", dijo. Seguir disfrutando de estar dentro de una cancha.
Yo no soy especialmente futbolero. Miro fútbol con atención cada cuatro años. Pero hay escenas que atraviesan incluso a quienes no pertenecemos del todo a ese mundo. Porque lo que aparece ahí no es solamente un deportista extraordinario, sino alguien que desde chico hizo lo que fuera necesario para seguir cerca de lo que amaba. Una vida entera moviéndose detrás del fútbol: Rosario, Barcelona, París, Miami. Alguien que en 2016, por no poder soportar las críticas, casi abandona la selección. Alguien que lleva seis Mundiales disputados.
Es habitual que la gente compare, mida, anuncie decadencias y anticipe finales. Pero ver a alguien seguir haciendo lo suyo tiene otra fuerza. No porque los récords, los goles o la dimensión histórica no importen, sino porque quizá lo más importante esté en otra parte: en la relación que alguien conserva con aquello que ama.
Por eso me interesa: porque hay una pregunta que también me atraviesa. Qué hacemos con aquello que amamos. En mi caso, cada vez lo tengo más claro: la música y el periodismo no son adornos de mi vida ni actividades que puedo ir sumando al costado mientras hago cualquier otra cosa. Son parte de lo que me sostiene. Son, de alguna manera, mi forma de seguir cerca de aquello que me da vida.
Durante mucho tiempo acepté estar cerca de lo que amaba mientras otras cosas ocupaban el centro. Un mientras tanto que se fue estirando. Pero en algún momento aparece una pregunta que ya no se puede ignorar: qué sentido tiene organizar una vida —qué sentido tiene cualquier cosa— si lo que la sostiene queda siempre postergado.
Hay actividades que tienen un límite evidente, y el fútbol profesional es una de ellas. Pero cuando algo es verdaderamente central para una persona, se intenta conservar el mayor tiempo posible, porque ahí hay una fuente de sentido.
Tal vez no se trate de ser excepcional, ni de durar más que los demás, ni de demostrarle algo a nadie. Tal vez se trate de algo más silencioso y más difícil: no abandonar aquello que te sostiene. Poder ejercerlo en el día a día como práctica concreta. Estar cerca de lo que realmente te mueve. No como meta, sino como la forma en que uno elige vivir.



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